Te quiero. Son sólo dos palabras. Apenas ocho letras. ¿Por qué entonces resulta tan difícil decirtelo?
¿Qué es lo que me pasa?¿Por qué me cuesta tanto decir algo que me invade? Normalmente las palabras que brotan de mi boca lo hacen de forma tan espontánea que apenas me doy cuenta, no suelen acompañarse de pensamiento previo.
¿Por qué entonces no puedo?
Quisiera decirte, mirandote a los ojos que me encantan cada una de las arrugas que se forman en tu frente cuando me miras sorprendido, que adoro tus suaves caricias en mi espalda y como eres capaz de convertir en una sonrisa una lágrima con el solo roce de tus labios sobre mi mejilla.
Quisiera contarte como manejas a tu antojo las mariposas de mi vientre, que obedientes siguen el camino marcado por tu dedo al dibujar el contorno de mi ombligo; esas mismas mariposas que duermen profundamente cuando te marchas lejos, pero que recuperan toda su energía batiendo alegres sus alas con sólo sentir la profundidad de tu mirada escudriñando mi rostro.
Decir te quiero es aún más difícil que decir lo siento.
Lamento no estar siempre cerca de tus caricias; confieso que me duele cuando desapareces ante mis ojos húmedos por las lágrimas, mientras tu cuerpo busca un escondite entre la fría niebla que congela mi nariz, y que minutos antes disfrutaba del calor de tus caricias.
Quiero decirte que te quiero. Pero no se cómo hacerlo.
¿Cómo encontrar las palabras más bonitas? ¿Cómo elegir un instante apropiado en la complejidad del tiempo, aquél en el que ni tu ni yo nos asustemos?
Decirte que te quiero.
Es tan difícil...por más que ensayo no lo logro.
De nuevo mis despistes....apenas sin darme cuenta, y ya lo hice.
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