Está demasiado oscuro. Hace demasiado frío. Sus músculos cansados no responden a las órdenes de un cerebro cansado de luchar contracorriente. ¿Para qué seguir buscando una luz en mitad de la penumbra? ¿Qué es un poco de esperanza en un pozo de tristeza?
Se desvanece, dejándose caer por el mismo tobogán por el que se deslizaron uno a uno sus sueños, sumiéndose en la profundidad inerte, para alcanzar el punto sin retorno en el se han ido acumulando poco a poco los pedacitos de ilusión y de alegría, dejando hecho jirones su traje de esperanza; de su vestido de princesa sólo quedan unos harapos sucios, manchados de desengaño y decepción a lo largo del tiempo.
La oscuridad es sobrecogedora. Siente miedo, de nuevo. ¿Por qué siempre está tan asustada? No es capaz de recordar en que momento dejó de ser la guerrera más valiente, el hada que podía cumplir cualquier deseo, el duende que se divertía haciendo cosquillas en la nariz de los niños sólo para verlos sonreír.
¿Dónde están?
Ellas también se fueron sin despedirse.
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