jueves, 21 de agosto de 2008

Esta noche

Esta noche cerraré los ojos lentamente y dejaré que el aire cálido inunde mis pulmones, llenándolos de vida.

Tendida sobre la arena húmeda sentiré tus susurros en mi oído y dejaré que tus dulces labios recorran mis mejillas hasta alcanzar mi boca.
Mi cuerpo se moldeará ante las caricias de tus manos suaves, mostrándote todos sus rincones.

Esta noche la Luna será testigo de nuestros abrazos, celosa, como aquel amanecer en que se marchó mientras yo dormía en tu regazo.
El mar cantará una canción de espuma, acompañado por un concierto de caracolas, animando nuestro baile de olas.
Y el viento se mezclará con mis cabellos, que escaparán furtivos entre tus dedos, mientras me envuelves con tu chaqueta azul.

Esta noche voy a subirme en un cometa para llegar hasta tus ojos.
Esta noche nos vemos en un sueño.

martes, 12 de agosto de 2008

Tanto frío

Está demasiado oscuro. Hace demasiado frío. Sus músculos cansados no responden a las órdenes de un cerebro cansado de luchar contracorriente. ¿Para qué seguir buscando una luz en mitad de la penumbra? ¿Qué es un poco de esperanza en un pozo de tristeza?
Se desvanece, dejándose caer por el mismo tobogán por el que se deslizaron uno a uno sus sueños, sumiéndose en la profundidad inerte, para alcanzar el punto sin retorno en el se han ido acumulando poco a poco los pedacitos de ilusión y de alegría, dejando hecho jirones su traje de esperanza; de su vestido de princesa sólo quedan unos harapos sucios, manchados de desengaño y decepción a lo largo del tiempo.
La oscuridad es sobrecogedora. Siente miedo, de nuevo. ¿Por qué siempre está tan asustada? No es capaz de recordar en que momento dejó de ser la guerrera más valiente, el hada que podía cumplir cualquier deseo, el duende que se divertía haciendo cosquillas en la nariz de los niños sólo para verlos sonreír.
¿Dónde están?
Ellas también se fueron sin despedirse.

martes, 5 de agosto de 2008

Adieu, au revoir, à bientôt!

Es difícil despedirse de la gente que mas quieres. Es difícil volver la vista por última vez, intentando preservar cada una de las gotas de luz que poblaban los ojos de aquellos que dejaste atrás. Resulta demasiado complicado ver alejarse un coche que se lleva un sueño en el asiento de atrás, que deja escapar una ráfaga de esperanza a través de una ventanilla entreabierta.
La resistencia que opone nuestra parte más egoísta a desprenderse de aquello que la hace más feliz es un hecho que podemos probar con cada despedida. No nos cuesta despedirnos de las personas que simplemente tuvieron un paso, a veces efímero, a veces demasiado largo, pero sin ninguna trascendencia en la línea de una vida que nunca se detiene. Sin embargo, es increíble lo difícil que resulta desprenderse de aquellos que, la mayoría de las veces sin quererlo, dejaron su huella marcada en nuestra alma,, por sus actos, por sus sentimientos, por si mismos.
Las despedidas ofrecen uno de los mayores espectáculos del egoísmo humano. No queremos desprendernos de aquello que nos hace felices, que produce la placentera sensación de la plenitud del alma.
Los seres humanos que son capaces de provocar en alguien dolor por el hecho de no estar presentes son las personas más importantes en la vida, y deberemos siempre intentar recuperar las sensaciones que se crean en nosotros mismos cuando acontece el rencuentro.
¿Es egoísta? Tal vez lo sea. Pero a veces, hasta los más generosos necesitan cuidar un poco de si mismos.
Yo voy a cuidarme también. ¿Seré demasiado egoísta? Es posible, pero buscaré nuestro rencuentro.