Fuera está oscuro. Intento divisar alguna estrella en el cielo, pero sólo alcanzo a ver mi reflejo borroso en el cristal de mi ventana. En mi cara veo la tristeza, que hace tiempo que anidó bajo mis ojos, dotando de una sombra violácea permanente los párpados que intentan esconder a las lágrimas, pero que a veces se ven desbordados dejando escapar una mezcla de agua con sal, que provoca escozor en mis mejillas, resecas por el golpear del viento de esta ciudad maldita.
Quisiera cerrar los ojos y contar hasta cien, mil veces si hiciera falta, para despertar de este feo sueño, en el que me he ido sumiendo poco a poco, por mi empeño constante en dedicarme a dormir. Las sombras de la noche se han tornado demasiado oscuras, y la niebla es ahora demasiado espesa; estoy cansada de dar vueltas en la penumbra, sin lograr vislumbrar siquiera la más tenue luz.
Cada vez siento más frío. El invierno helado está cerca.
Y los pilares de mi vida se desploman, uno a uno, levantando una nube de polvo, que aún hace más difícil la ardua tarea de encontrar el camino.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
sábado, 13 de septiembre de 2008
Le temps joue avec nous
Pasan los días. Las horas se escapan, juguetonas, entre los dedos de ese anciano al que todos llaman Tiempo. Y los minutos se hacen demasiado largos, mientras, sentada en un banco del parque, con el viento deshaciendo un peinado no demasiado elaborado, trata de recordar los detalles más pequeños, que poco a poco se van perdiendo en los rincones de su memoria; el tiempo los va escondiendo en lugares donde será difícil encontrarlos.
No quisiera olvidar ninguno de los instantes vividos cerca del mar; un mar al que odia con todas sus fuerzas, y al que alimenta cada día con sus lágrimas de rabia, mientras pasea por una playa demasiado distinta de aquellas curvas de arena fría con olor a sal, un olor que, igual que los detalles, cada vez se hace más débil.
Sólo desea mirar al horizonte para encontrarse de nuevo con sus ojos, o dormir, para volver a sentir un abrazo cálido en la noche oscura y fría.
¿No sería lindo encontrarse cada noche en un sueño?
Pero ni siquiera eso permite el tiempo.
No quisiera olvidar ninguno de los instantes vividos cerca del mar; un mar al que odia con todas sus fuerzas, y al que alimenta cada día con sus lágrimas de rabia, mientras pasea por una playa demasiado distinta de aquellas curvas de arena fría con olor a sal, un olor que, igual que los detalles, cada vez se hace más débil.
Sólo desea mirar al horizonte para encontrarse de nuevo con sus ojos, o dormir, para volver a sentir un abrazo cálido en la noche oscura y fría.
¿No sería lindo encontrarse cada noche en un sueño?
Pero ni siquiera eso permite el tiempo.
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