lunes, 22 de diciembre de 2008

Deseo...

Es Navidad. Y tus sonrisas me hacen cosquillas en el ombligo. Y cierro los ojos en el frío de la noche mientras se congelan los extremos de mis dedos y la punta de mi nariz. Y con los ojos cerrados toco de nuevo tu mano. Y tus labios calientan mi boca congelada con un beso.

Me encanta sentarme en la hierba del parque y viajar hasta otra hierba más cálida, para sentir tus manos tapándome los ojos... jugando a reconocerte por la suavidad de tus dedos dibujando los contornos de mi rostro. El aroma de la hierba mojada se transforma fácilmente en el aroma de tu cuello y tu pelo ondeando débilmente por el efecto de la leve brisa del mar.

Bailo lentamente mecida por tus brazos ausentes frente a un árbol de luces, mientras me guías en nuestra danza, esa que solamente conocemos tu y yo, y que bailamos en nuestro sueño, tuyo y mío...

Esperando al barco que dejará que desciendas a través de una escalinata de plata y que logres alcanzar el muelle de mis abrazos, para poder abrir los ojos y seguir viéndote, tocándote y sintiéndote.

Es Navidad. A la estrella que brilla en la parte más alta de un abeto adornado le pido un deseo.

Yo deseo...

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Imagínate

Imagínate que despiertas por la mañana en un mundo distinto, que a través de la ventana de tus ojos no ves la aburrida farola de la acera de enfrente.
Imagínate que no existe la palabra kilómetro, que tanto aborreces escuchar en boca de todos.
Imagínate que la luz del alba se posa sobre tu piel desnuda, aún caliente después de un baño de pasión y deseo.
Imagínate que al mirar al horizonte ves como se acercan mis ojos, brillando en la noche, reflejando la luminosidad de tu sonrisa.
Imagínate que transcurrió el tiempo, en sólo una noche, esquivando a todas las esperas y anhelos, que burlaste los obstáculos de agua, sal, arena y lágrimas.
Imagínate que ni siquiera existiese la palabra imposible, que el diccionario la borrase para siempre de sus páginas.
Imagínate que el destino apostase a favor de tus sueños, que dejase olvidadas en un rincón oscuro todas sus trampas.
Imagínate que de repente te conviertes en el enamorado que besa apasionadamente los labios de su amada y la protege del viento que sopla huracanado sacudiendo sus abrigos, sombreros y cabellos, pero que no es capaz de mover ni un milímetro el amor que se esconde protegido entre ambos.

Imaginate...

Yo imagino, e imaginaré por un tiempo inimaginable..