viernes, 17 de abril de 2009

¡Bienvenida Primavera!

La luz se filtra divertida entre las hojas nacientes de los árboles que poco a poco despiertan de su largo letargo invernal. Suavemente despierta con su roce a las flores impacientes por mostrar los vestidos que tejieron mientras la nieve cubría su tejado.
Se escuchan risas de los niños que desempolvaron sus bicicletas, relucientes bajo el Sol de primavera, que al fin se decidió a aparecer en un mundo extraño de nubes de tormenta, pero que con su encanto natural se convierte rápidamente en la estrella más importante del cielo.
Resulta divertido sentarse en un banco del parque para tomar un baño de una luz que va despertando con cuidado cada uno de los rincones de tu cuerpo, mientras observas a la gente pasar, contagiándote de la alegría que flota en el ambiente.
Sonríes a la niña con la nariz manchada de helado de fresa, que corre tras un pato que huye de su risa alborotada y de los destellos que emiten sus pequeños y blancos dientes al enfrentarse al Sol.
Hay un chico que corre, absorto en sus pensamientos, envuelto en una música que si me concentro puedo escuchar desde los auriculares que se balancean con cada zancada. Respira en cada bocanada un aire repleto de energía que hace brillar sus ojos, provocando un mágico reflejo en el agua del estanque.
Se me escapa una lágrima de ternura mezclada con una sonrisa cuando veo un bastón recién abrillantado que camina al lado de dos ancianos que entrelazan sus manos arrugadas y pálidas por la falta de luz tras un duro invierno. Caminan lentamente, haciendo el mismo recorrido que han hecho durante toda una vida. Y también sus ojos brillan, reflejo del agua del estanque y la mirada que cruzan cada vez que se detienen para tomar aliento.
Tumbada sobre la hierba cierro los ojos y respiro profundo, inhalando cada gota de energía del aire lleno de esos algodoncitos brillantes que tanto odian los alérgicos. Siento como el calor del Sol invade todo mi cuerpo, iniciando su camino en el dedo más pequeño de mi pie y ascendiendo lenta pero firmemente por mis piernas hasta alcanzar el vientre. Mis mariposas baten sus alas alegres para recibir al Sol. De nuevo esa sensación agradable en el estómago. Y mi corazón se acelera a modo de saludo cuando la cálida luz acaricia mi pecho, soplando sobre mi cuello y dotando de un color sonrosado a mis mejillas.
Y lágrimas de bienvenida resbalan por mi cara mientras escucho el canto de los pájaros que vuelan explorando entre los árboles en busca de la mejor residencia de verano.

Hoy ya huele a Primavera.