viernes, 9 de octubre de 2009

Sueños de princesa

Miro al horizonte sólo para sumergirme en el recuerdo de la imagen que amanece al alba entre las olas, tratando de amarrar tu rostro para que no lo arrastre el viento del olvido.
Cuando cierro los ojos tu visión se hace más nítida, eliminando las impurezas del aire, dejando que el agua del mar maldito por el tiempo se lleve el polvo de la duda y la incertidumbre.
¿Qué hace el tiempo jugando con los corazones de aquellos que amaron la distancia? ¿Por qué se ríe de los que un día le tendieron la mano, buscando en él un amigo?
No sé si aún recuerdas la boca de niña que te extraña en la oscuridad de la noche, los párpados que se cierran asustados los días de tormenta, y los ojos que un día te miraron teñidos por lágrimas de risa.
Sueño con el día en que pueda apartar con una caricia el primer rayo de sol de la mañana de tu rostro soñoliento tras una noche en que nos reiremos del tiempo, que quedará agazapado en un rincón de una habitación en la que los sueños flotarán en el aire, dispuestos a ser cazados.
Sólo son sueños de princesa encerrada en el laberinto de la vida, incapaz de encontrar el camino hacia el punto en que tu voz dice mi nombre.

sábado, 23 de mayo de 2009

Sensaciones

Una noche en el parque. Un largo paseo mientras el agua helada de las olas refresca tus pies. Una copa. Un helado. Un mechón de pelo. Una sonrisa. Una gota de agua en la nariz. Una mirada. El roce de tu dedo meñique sobre la piel de mi brazo, que responde estremeciéndose. El Sol calentando mi rostro. Nubes en tu cabeza. Agua.
Paz en la noche. Tormenta. Una película bajo la manta. Olores. Chocolate. El viento en mi cara. Ver pasar los coches desde una ventana. Reir. Zapatillas. Música que viaja erizando el vello de tu nuca. Un abismo. Tiempo. Nieve. Una montaña mágica. Un baile.
Un beso que me apasiona. Una caricia que me estremece. Una duda que me atormenta. Una mirada que me apacigua. Un odio que me contamina. Un amor que me invade. Una pasión que me hace perder el sentido.

Un deseo que se cumple. Y otro que no.
Un error. Y un acierto.
Una pregunta. Y una respuesta.

Una opresión en el pecho que se libera con un grito de esperanza que hace eco en la noche y que baña los corazones solitarios y alimenta las ilusiones de aquellos que creyeron haberlas perdido.
Una mirada hacia atrás para no confundir la dirección del camino que tienes enfrente y que te conduce a lo desconocido.
El sabor dulce de todo aquello que aún queda por descubrir. El salado de los recuerdos que te pican en la punta del estómago. El ácido de la intensidad de algunos momentos. Y el amargo del desengaño.

Sensaciones. Sólo sensaciones sin las cuales la vida dejaría de tener sentido.

viernes, 17 de abril de 2009

¡Bienvenida Primavera!

La luz se filtra divertida entre las hojas nacientes de los árboles que poco a poco despiertan de su largo letargo invernal. Suavemente despierta con su roce a las flores impacientes por mostrar los vestidos que tejieron mientras la nieve cubría su tejado.
Se escuchan risas de los niños que desempolvaron sus bicicletas, relucientes bajo el Sol de primavera, que al fin se decidió a aparecer en un mundo extraño de nubes de tormenta, pero que con su encanto natural se convierte rápidamente en la estrella más importante del cielo.
Resulta divertido sentarse en un banco del parque para tomar un baño de una luz que va despertando con cuidado cada uno de los rincones de tu cuerpo, mientras observas a la gente pasar, contagiándote de la alegría que flota en el ambiente.
Sonríes a la niña con la nariz manchada de helado de fresa, que corre tras un pato que huye de su risa alborotada y de los destellos que emiten sus pequeños y blancos dientes al enfrentarse al Sol.
Hay un chico que corre, absorto en sus pensamientos, envuelto en una música que si me concentro puedo escuchar desde los auriculares que se balancean con cada zancada. Respira en cada bocanada un aire repleto de energía que hace brillar sus ojos, provocando un mágico reflejo en el agua del estanque.
Se me escapa una lágrima de ternura mezclada con una sonrisa cuando veo un bastón recién abrillantado que camina al lado de dos ancianos que entrelazan sus manos arrugadas y pálidas por la falta de luz tras un duro invierno. Caminan lentamente, haciendo el mismo recorrido que han hecho durante toda una vida. Y también sus ojos brillan, reflejo del agua del estanque y la mirada que cruzan cada vez que se detienen para tomar aliento.
Tumbada sobre la hierba cierro los ojos y respiro profundo, inhalando cada gota de energía del aire lleno de esos algodoncitos brillantes que tanto odian los alérgicos. Siento como el calor del Sol invade todo mi cuerpo, iniciando su camino en el dedo más pequeño de mi pie y ascendiendo lenta pero firmemente por mis piernas hasta alcanzar el vientre. Mis mariposas baten sus alas alegres para recibir al Sol. De nuevo esa sensación agradable en el estómago. Y mi corazón se acelera a modo de saludo cuando la cálida luz acaricia mi pecho, soplando sobre mi cuello y dotando de un color sonrosado a mis mejillas.
Y lágrimas de bienvenida resbalan por mi cara mientras escucho el canto de los pájaros que vuelan explorando entre los árboles en busca de la mejor residencia de verano.

Hoy ya huele a Primavera.

viernes, 16 de enero de 2009

Je suis pas fatiguée

Me preguntan cada noche las estrellas, y cada mañana la escarcha que descansa sobre las ramas de los árboles desnudos por el invierno, si es que alguna vez me canso de esperar que cada tarde roce la brisa mis mejillas, si no me harto de mirar al horizonte buscando cada amanecer los primeras luces del alba, y despidiendo con un beso a los últimos rayos cada tarde.
Se ríen cuando ven mi rostro iluminado por una lejana sonrisa, que oculta el rastro de noches velando por un sueño. Un sueño en el que las yemas de tus dedos acarician suavemente el dorso de mi mano, recorriendo todos sus contornos, mientras mi mirada sigue al Sol, aunque se que irremediablemente volverá la cara para decirme adiós de nuevo, hasta la mañana siguiente.
La Luna es tan distinta... le gusta robar mis sueños.. ella también quiere verte cada noche, por eso espera junto a mi cama, hasta que el cansancio me vence.. Y me pregunta, ¿No te cansas?

Siempre les respondo con la misma sonrisa. Clavo mi mirada en sus ojos. Y entonces comprenden.

Suspiran. No, no te cansas.