Las gotas de agua resbalaban por su cara arrastrando los restos de sal de las lágrimas de antaño, dejando al descubierto un rostro suave que apenas recordaba. Sentía su cabello mojado, el agua recorriendo el espacio por detrás de sus orejas. El viento fresco de la madrugada susurrando un secreto helado en su cuello, que erizó travieso el vello de su nuca.
Cerró los ojos dejando que el agua empapase su ropa, sustituyendo al peso que soportaba sobre su frágil espalda.
