martes, 12 de octubre de 2010

Llueve

Las gotas de agua resbalaban por su cara arrastrando los restos de sal de las lágrimas de antaño, dejando al descubierto un rostro suave que apenas recordaba. Sentía su cabello mojado, el agua recorriendo el espacio por detrás de sus orejas. El viento fresco de la madrugada susurrando un secreto helado en su cuello, que erizó travieso el vello de su nuca.

Cerró los ojos dejando que el agua empapase su ropa, sustituyendo al peso que soportaba sobre su frágil espalda.

viernes, 30 de julio de 2010

Tormenta

Con los ojos cerrados dejaba que el aire movido por un viejo ventilador destartalado despeinase sus cabellos, enredándolos suavemente mientras acariciaban su rostro. Dejó fluir el aire refrescante a través de su cuerpo, que le parecía demasiado pesado para iniciar el vuelo a través de las nubes y escapar de la tormenta que podía intuir a través de las sombras que se colaban atrevidas por las rendijas de la persiana.

Se levantó lentamente, con sus pestañas selladas, para no ver los destellos de los relámpagos que siempre la habían aterrorizado. Sintió la contracción involuntaria de sus músculos con el bramido del primer trueno de la tarde, y el dolor punzante del vello de su brazo al erizarse. Su respiración se hizo cada vez más pesada, en un intento inútil de eliminar el miedo.

Una mano cálida rozó su espalda, al mismo tiempo que una voz grave susurró en su oído las palabras mágicas que otras veces la habían sacado de ese infierno. Un escudo de abrazo se amarró firmemente a su cintura, frenando suavemente su corazón acelerado por el miedo, y poco a poco fue sumiéndose en un profundo sueño, en el que la temible tormenta se transformó en un desagradable y lejano recuerdo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Metamorfosis

Estiró sus brazos hasta casi tocar el cielo, sintiendo como cada uno de sus dedos iba perdiendo su textura para tornarse suaves plumas de colores brillantes. La punta de sus recién adquiridas alas le rozó la nariz y le acarició el rostro, mientras se sumergía en el mar del descubrimiento de las sensaciones que le ofrecía su nuevo cuerpo. Los ojos cerrados, desprendiéndose poco a poco de las cadenas que habían amarrado fuerte sus extinguidas manos y sus pies. Alzó la vista para descubrir el Sol brillante, vencedor en la batalla contra las nubes negras, que se alejaban con el aire triste de la derrota mientras llovían lágrimas; lágrimas que arrastraban su vestido rasgado por sus garras recién adquiridas. Hinchó sus pulmones con el aire helado de la mañana, y alzó el vuelo descubriendo entonces lo ligera que realmente era tras desprenderse de todo aquello que hacía tiempo que no la dejaba volar.